Ezequiel, un espíritu de gran altura
Este verano se convirtió en el primer argentino sordo en llegar a la cumbre del Aconcagua. Una historia más de empeño y sueños alcanzados.
Por: Jorge Federico Gómez

Ezequiel Antonio Ferro es cordobés, tiene 32 años y el pasado 13 de enero de 2016 logró la cumbre del Aconcagua en solitario, en su primer intento. Ezequiel es sordo, es el primer sordo argentino en lograr la cima más alta del mundo fuera de los Himalayas. Después de tan grande objetivo, su mente está puesta en el Everest (8.848 m).

En 2006 comenzó a incursionar en la montaña en Córdoba de la mano del también montañista sordo Santiago García. Pero desde antes de eso practica fútbol, y es uno de los integrantes de la Selección Argentina de Fútbol de Sordos.

Su expedición la cumplió en dos etapas. La primera, de aclimatación, la cumplió entre el 21 y el 28 de diciembre de 2015, comenzando desde Horcones hasta Confluencia donde descansó un día para el 23, en su cumpleaños, completar el trekking a Plaza Francia donde tuvo un breve intercambio con su amigo Heber Orona a quien cruzó en ese sendero. Luego fue a Plaza de Mulas donde descansó y pasó Nochebuena junto a escaladores de distintos países. En Navidad ascendió el cerro Bonete (5.200 m), y logró el punto más alto jamás alcanzado por una persona con su deficiencia. Más descanso y regreso directo a Inca, y finalmente Mendoza y Córdoba.

El 7 de enero a las 14 registraba su ingreso por Horcones rumbo a la cumbre.

Pasó la noche en Confluencia y al otro día se dirigió directamente a Plaza de Mulas, dado que ya había cumplido el proceso de aclimatación. Ese esforzado trayecto le llevó 12 horas, y gracias a un amigo chileno que conoció en el camino pudo esa noche descansar y comer bien en el predio de la empresa Lanko.

En la siguiente jornada Ezequiel salió a practicar y probar las botas con grampones y aprontar todo para seguir a Nido de Cóndores en la madrugada, junto a su nuevo amigo. Pasaron por Plaza Canadá (5.050 m) y Cambio de Pendiente (5.300 m) donde apenas descansaron para lograr la meta planteada.

“En el segundo día en Nido me crucé con el guardaparque y le conté que tenía en mente realizar al día siguiente el intento de cumbre, pero me advirtió que iba a haber mal pronóstico y que mejor fuera el miércoles 13 porque iba a haber clima más favorable” relata Ezequiel en su diario de cumbre redactado en primera persona. Pero, error de inexperto, desoyó el consejo y el martes puso rumbo a la cumbre. A media mañana lo sorprendió en el refugio Independencia (6.400 m) una feroz tormenta que lo hizo retroceder.

Al día siguiente, extenuado por la mala decisión del día anterior, nuevamente desde Nido de Cóndores emprendió el camino a la cima. Hizo un alto en Berlin (5.930 m), exhausto vislumbró ya su objetivo a sólo 1.000 metros, eternos y dramáticos. Faltando 500 metros creyó ver fracasar su empresa porque el cansancio y el frío eran abrumadores. “Se me cruzó un tucumano que me dijo ‘vamos aguanta, te falta re poco ¡sos todo un héroe!’. Con gestos le agradecí mucho por el aliento, que me dio la fortaleza para recorrer los 500 metros restantes”.

De repente el camino se esfumó y la cruz de la cumbre apareció ante su vista, a las 16:30 de ese 13 de enero. Fueron 20 minutos en la cima, 10 de los cuales los pasó llorando de emoción.

El descenso fue rápido, extenuante, emotivo. Tomó un peligroso atajo, llegó a Nido con un dedo de una mano congelado, la cara partida por el frío y disfrutó de la solidaridad y felicitaciones de patrullas, guardaparques y guías. Luego en Mulas fue recibido como héroe.

Fin de la historia. Un guía en Plaza de Mulas instruía a un grupo de andinistas y al verlo llegar les dijo a sus guiados: "Este chico se llama Ezequiel, juega para la Selección Argentina de Fútbol de Sordos. De cabeza es muy flojo, casi un cabeza dura y torpe. Pero de tremendos huevos y de corazón inmenso".

Ezequiel Ferro es el primer sordo argentino en lograr la cumbre de Aconcagua. Por una cuestión económica lo hizo solo, sin guía ni empresa de servicios, sin sponsors ni apoyos oficiales, pagó de su bolsillo permisos e insumos. Por su tremendo espíritu será muy pronto el primero en su condición en divisar el mundo a sus pies desde la mayor altura del Everest.

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